¿Comprarías un libro sin texto en la contraportada? ¿Sin foto de autor, sin comentarios, sin paratextos? Lo cierto es que nadie quiere comprar algo completamente desconocido.
Eso comenta Jhumpa Lahiri en El atuendo de los libros, de la colección Editor de la editorial independiente mexicana Gris Tormenta.
Lo primero que me encantó de este libro es el paralelismo que hace la autora entre las portadas y nuestra ropa: queramos o no, es nuestra carta de presentación. La cubierta viste al libro; es una especie de máscara de seducción.
Lo relaciona sobre todo con los uniformes, algo que me interpeló bastante porque el mío era rojo y muy reconocible. Ella señala, con mucha precisión, que los uniformes unen, dan sentido de pertenencia, vuelven identificables a quienes los llevan, tal como ocurre con los (buenos) catálogos de las editoriales y sus colecciones. El tamaño, los colores, el diseño: todo contribuye a que los reconozcamos de inmediato.
Reflexiona también sobre el hecho de que una cubierta es, en definitiva, una traducción visual: la interpretación de alguien más (un editor, un diseñador) sobre tu obra.
Ella ha publicado más de cinco libros en muchos países, siempre con portadas distintas. Un tema del que quizás no muchos autores hablan, tal vez por cortesía o respeto. Pero cuenta que las editoriales casi nunca le preguntan qué idea tiene para la portada; simplemente la recibe por mail. Y llega a la conclusión de que es algo cultural: en Estados Unidos funcionan ciertos tipos de cubiertas y en India, otros. Porque para todas las culturas ir bien vestido no significa llevar el mismo atuendo. En Estados Unidos y en Italia, si un libro no vende, se cambia la portada.
La portada debería reflejar el sentido, el espíritu del libro. El editor lo ha leído, claro, pero el diseñador, en general, no tiene tiempo. Dependerá entonces de las pautas que reciba. Se dice que la hermana de Virginia Woolf, Vanessa Bell, diseñaba las portadas de la editorial artesanal que fundó Virginia en Richmond, Hogarth Press, y que lo hacía solamente con las indicaciones de su hermana.
Una eminencia en el diseño de tapas es el inglés Peter Mendelsund. Pianista clásico de formación, se interesó por el arte de las cubiertas y se convirtió en un referente. Dedica mucho tiempo a cada portada y asegura que lee todos los libros que diseña. Las editoriales reconocen que los libros con su firma se venden más. Es un ejemplo claro de que no hacen falta grandes destrezas digitales cuando hay una buena idea detrás. Su colección de los libros de Kafka es imperdible. Y dos de sus propios libros valen especialmente la pena: Cover, donde muestra muchos de sus proyectos —incluso borradores que no vieron la luz—, y What We See When We Read, donde comparte su método de trabajo.
Pero, debido a la actual precariedad del sector editorial, los «Peter» se cuentan con los dedos de una mano.
Antes los libros no tenían paratextos: ni texto en la contraportada, ni foto de autor, ni fajas publicitarias. Eran tapas lisas que no revelaban nada; había que leer para saber de qué trataban. Un ejercicio espectacular para nuestros tiempos: forrar el libro e intentar descubrir al autor o al género…
Actualmente me parece súper innovador y original la idea de Barrett, una editorial independiente de Sevilla que está cumpliendo diez años y para festejarlo los tres editores que impulsan este proyecto (Belén García, Manuel Burraco y Zacarías Lara), tuvieron la arriesgada idea de publicar los ocho libros que editan al año sin que aparezca la autoría por ningún lado: ¿comprarías un libro sin saber quién lo escribió?
En resumen, las portadas actuales tienen una finalidad más comercial que estética. Si te interesa el tema, este libro es súper interesante.
P.D: Gracias a este libro conocí al artista estadounidense Richard Baker, que pinta las cubiertas que cambiaron su vida. Son cuadros que parecen fotos, pero con un estilo propio.
